Y salió corriendo cuando lo supo,
se revolcó en el suelo un par de veces,
después de suspirar volvió la mirada,
y ahi estaba aquel recuerdo,
mientras sollozaba cogió con prisa la pluma
y la clavó junto a su tumba.
Le tomó tiempo renunciar a su miseria,
hasta que acabó con el árido destino,
mientras sudaba miel y sangre,
puso fin a lo que había empezado.
Se recostó entre piedras y mentiras,
mientras escuchaba aquella voz de siniestros,
gritaban por él, pero se aseguro de vender su alma a buen precio,
esquivó sus ideales entre los árboles
que claudicaban sus inmaculados principios.
Después de desperdiciar aquel escuálido amanecer
la miró y le clavo el puñal con indiferencia,
mientras gemía sabores inefables.
Terminó de marchitar en el lodo,
no sin antes creer en la felicidad.
domingo
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