Allá van los renegados que claman por ver el sol otra vez
suspirando mientras sus pies salpican a tientas
lo que les dejó la escarcha
cuando bajan por las praderas
rumbo a quién sabe dónde.
¿No sería preciso detenerse?
pues de tanto andar el humo se desvanece
mientras atrás van quedando las marcas,
las marcas que les niega la razón.
Darle un nombre sería navegar contra ella,
mientras a paso lento se asoma
la incredulidad de los necios
que le niegan la sonrisa a las estrellas.


